El naufragio de Granados

Granados, el músico que intuyó su muerte
El pianista leridano tuvo premoniciones funestas antes de perecer en el torpedeado ‘Sussex’ a su regreso de la Casa Blanca

PAU ECHAUZ, Lleida

27/03/2016 01:30

Nueva York. Marzo de 1916. El pianista y compositor español, Enrique Granados está en la cima de su carrera tras el triunfal estreno de su ópera Goyescas en el Metropolitan Opera House de la ciudad que nunca duerme. A raíz de su éxito recibe una invitación especial del presidente Woodrow Wilson, que le pide que actúe en la Casa Blanca. Los planes del pianista de regresar a España se ven truncados: es una petición que le es imposible rehusar.

Algunos de sus biógrafos apuntan que Granados confió a su amigo Pau Casals, su temor de no poder abrazar de nuevo a los seis hijos que había engendrado con Amparo, Titín, como cariñosamente la llamaba. Un temor parecido apareció en una carta que el compositor leridano había enviado a la señora Mildred Bliss, esposa del diplomático Robert Bliss, en la que expresaba premoniciones funestas.

Tras cruzar el Atlántico con el Rotterdam hasta Inglaterra, Granados y su esposa deciden comprar billetes en el Sussex, un barco de pasajeros de bandera francesa que cubre el trayecto entre Folkestone y Dieppe. Uno de los principales biógrafos de Granados, el hispanista John W. Milton, explica, en su libro El rossinyol abatut (Pagès Editors, 2005), la versión más plausible de su muerte, ahogado junto a su mujer el 24 de marzo de 1916. Cuando el Sussex fue alcanzado por el torpedo lanzado por el Untersseboot (UB-29), submarino de la marina de guerra alemana, Granados y su mujer se encuentran en cubierta con unas amigas. El impacto los lanza al suelo y los aturde. Encuentran en medio de la confusión un bote que va a abandonar el barco y Amparo encuentra sitio en el mismo. El pianista se queda esperando un nuevo bote hasta que junto a otros hombres se lanza al mar tras la barca que lleva a Amparo. Cuando consiguen acercarse, un brusco movimiento de dos ocupantes y una ola los hacen volcar. Granados ve a Amparo en el agua y se lanza tras ella a salvarla. Ella sabe nadar, Enrique, no. Consiguen agarrarse a un madero, pero muy pronto desaparecen los dos engullidos por las aguas. De los más de trescientos pasajeros más la tripulación, sólo unos 50 perecieron porqué el Sussex consiguió llegar al puerto de Dieppe.

Mónica Pagès es musicóloga y experta en Granados y su obra, además de ser la traductora del libro de John W. Milton. “Creo que, al margen de licencias literarias por el formato de novela, la versión de la muerte de Granados que explica Milton es la que podría ajustarse más a la verdad, por los escasos testimonios del suceso. Su reconstrucción de los hechos es literatura, pero Milton hizo una investigación documental exhaustiva”.

Según Mónica Pagès, Granados fue “el último de los músicos románticos, pero con un sentido de la anticipación, de lo que vendrá luego, muy notorio”. La influencia de Granados está en Falla, en Casals, en Mompou. “Era un pianista que descubrió una vocación, la de enseñar música en su academia de Barcelona. Eso, le complacía más que sus éxitos musicales”.

Milton relata varios hechos acaecidos en el viaje del Sussex, de difícil explicación. El barco partió de Folkestone con un nuevo tripulante a bordo que nadie conocía y se le asignó una ruta nueva que la hacía más larga. Minutos antes de la tragedia naval, alguien hizo notar que la bandera francesa tricolor había desaparecido del mástil. El comodoro alemán del UB-29, Herbert Pustkuchen, creyó que el Sussex era un barco de guerra camuflado y ante la falta de bandera, no lo dudó y disparó. “Estos pequeños detalles son la base de una teoría de la conspiración, que algunos historiadores sostienen se creó para presionar a Estados Unidos para que entraran en la guerra”, afirma Mònica Pagès. “El Sussex era un anzuelo dispuesto por los franceses para que fuera atacado por los alemanes y tener una excusa para disponer de ayuda de Norteamérica”. Días después del ataque, el presidente Woodrow Wilson, lamenta la muerte de Granados y propone al Congreso entrar en la guerra en Europa donde se desarrolla la batalla de Verdún.

Pau Casals, horrorizado, organiza un gran concierto en Nueva York para ayudar económicamente a los seis huérfanos de la pareja. El 2 de mayo se organiza un homenaje fúnebre en Barcelona al que asiste lo más granado y florido del mundo intelectual y artístico. La aversión al mar de Granados era conocida por mucha gente. Uno de sus hijos, Enrique Granados Gal, superó la maldición, ya que fue un destacado nadador, que introdujo el estilo crawl en España y que se casó con una nadadora, Maria Aumacellas, y tuvieron dos hijos nadadores, Enric y Jordi Granados.