Eppur si muove. Roma parte 3

En mi recorrido por Roma estuve en dos lugares de belleza singular. Uno es el Palazzo Massimo alle Terme (1883), lugar que alberga una de las partes mas importantes de la colección del Museo Nacional Romano. Es un lugar donde la estatuaria clásica tiene un papel preponderante. La museología permite el disfrute individual de cada pieza. En una de las salas, un perturbador hermafrodita yace en un sueño impreciso.  Esta figura, que representa al hijo de Hermes y Afrodita, unido en metamorfosis eterna a la ninfa Salmacis, es una representación relativamente común en el mundo clásico. Tan es así que en la misma Roma, la vi nuevamente en la Villa Borghese pocos días después. En Florencia , está también en los Uffizi. Tengo una clara imagen de esta estatua porque la vi por primera vez a los 10 años de edad y nunca mas la he olvidado. Las estatuas greco romanas son así: dejan una huella de por vida.

Quizás lo mas importante de este museo, después de la estatuaria, es el triclinium de Villa de Livia y Villa Farnesina. El triclinium era el comedor y estos dos espacios presentes en este museo fueron recuperados casi en su totalidad de una villa del siglo I. Los frescos están en un estado impecable.

Cruzo la calle y visito le Terme di Diocleziano, que han sido parcialmente restauradas y que permiten imaginar lo que fue este espacio en su momento. Roma tuvo para el siglo IV mas de 900 establecimientos para ir a bañarse. Este llego a tener 13 ha. Fueron las mas bellas y contaban con sala de conciertos, biblioteca, jardines, fuentes, salas de exposiciones. Cabían en el en un mismo momento mas de 3000 personas.

Si bien volver a Palazzo Massimo y a las termas me encantó por ser lugares donde se puede regresar mil veces, el lugar que me dejo realmente impactada por ser nuevo y novedoso en su concepto, fue el Museo Centrale Montemartini.

Este museo está por la zona del Ostiense y se encuentra en la primera central hidroeléctrica pública que utilizaba, entre otras, turbinas a vapor. Ya recorrer el Ostiense es entrar en otro mundo: popular, grafiteado, mil por ciento urbano.

Las estatuas de este museo se confrontan con las antiguas calderas y turbinas. La museología es tan buena que por momentos se escucha el sonido de las maquinas y las estatuas de mármol blanco, con ese trasfondo negro, recio y alguna vez dinámico, parece que  adquirieran movimiento. Hay una danza entre el sonido no existente de las máquinas y el movimiento aparente de las estatuas que hace de este recorrido una experiencia única.

Será un misterio para mi como los grandes escultores logran dar movimiento a la piedra. Algo tan estático como una pieza de mármol logra tener movimiento. Es piedra, eppur si mouve … 

La última sala del museo tiene un inmenso mosaico que proviene de la Villa del Casale de Sicilia (https://www.paolapasquali.com/sicilia-a-10-manos-villa-romana-del-casale-piazza-armerina/).

Me voy nuevamente hacia el centro, pasando por un modernísimo puente que me recuerda una cobra.  Me despido del Ostiense con intenciones de regresar.